Como os he comentado en otras ocasiones, tengo orígenes italianos, aunque un poquito lejanos, pero estudié en un colegio italiano y mi círculo de amigos son italianos, por lo que es una cultura muy presente en casa y a la que me siento muy afín. Soy fan de los platos y postres italianos y me encaaaanta la comida de este país. ¡Además es tan variada según la zona!
Ya hace tiempo os traía una receta de focaccia, que de hecho es muy parecida a esta, cambian solo los toppings. Pero tenía ganas de renovar las fotos y en uno de estos findes que me puse a cocinarla (¡la hago mucho, me encanta!) decidí traeros otra receta. Como muchas otras recetas tradicionales italianas, los orígenes de la focaccia son desconocidos o inciertos. Algunos sostienen que, al principio, la focaccia se elaboraba en las zonas costeras donde aire salobre impedía que el pan leudara correctamente y tenían que encontrar alternativas. Otros creen que la focaccia surgió alrededor del siglo II a.C. como comida humilde para marineros y pescadores. ¡Quién sabe! Lo que sí está claro es que la focaccia es toda una delicia, es nutritiva, muy variada (porque le podemos poner los toppings que queramos) y con muy buena conservación. Además, que es una receta bastante fácil de pan, sin demasiados ingredientes y todos muy comunes.
La focaccia tradicional italiana es blanda y ligeramente crocante en la superficie externa. El secreto de este equilibrio perfecto es el aceite de oliva extra virgen y el cariño en el amasado. Y aunque hoy en día cada región en Italia conserva celosamente su receta de focaccia tradicional, nunca puede faltar el denominado «oro líquido»: el aceite de oliva extra virgen. Hoy prepararemos una focaccia con tomatitos cherry, yo querría haberle puesto más pero no me había dado cuenta que casi no me quedaban, así que los repartí como pude por encima de la masa. En cualquier caso, la focaccia sin nada está increíble, así que ¡nada de qué preocuparse!
Tiempo total: 250 min
Raciones: 1 focaccia grande
Dificultad: Media
Ingredientes:
- 300 ml agua caliente
- 3,5 gr levadura seca para pan
- 1 cda aceite de oliva
- 400/450 tazas harina de trigo
- 30 gr sémola
- 1 cda sal gorda (o al gusto)
- 200/250 gr tomates cherry (o al gusto)
Elaboración:
Paso 1:
Empezaremos mezclando en un bol grande el agua caliente con la levadura, el aceite y la sémola y lo removeremos bien. El agua debe estar a unos 40ºC, ni demasiado fría, porque nos costaría activar la levadura, ni demasiado caliente, porque mataríamos la levadura. Si tenéis un termómetro os aconsejo usarlo, si no que esté algo más que tibia.
Paso 2:
Cuando esté bien integrado, verteremos la harina de trigo. La iremos añadiendo por partes, primero unos 100 gr, removeremos bien, después otros 100 gr y empezaremos a mezclar con las manos. Aquí la mezcla ya será más pegajosa y con una espátula nos costará seguir. En este punto, si no está muy líquido, lo verteremos sobre la superficie de trabajo en el que habremos puesto unos 50 o 60 gr del total de la harina que tenemos pesada. Si no, podéis añadir estos gramos dentro del bol y luego verterlo en la superficie. Una vez sobre la mesa, amasaremos enérgicamente durante unos 10 min, con movimientos envolventes y presionando con las palmas de las manos. También podéis usar la técnica del amasado francés, que os explico en este post.
El resto de la harina hasta llegar a los 400 gr lo iréis añadiendo a medida que amaséis. Los oros 50 gr los podéis ir echando si veis que la masa está muy líquida pero si os liga bien y os queda bien elástica no será necesario.
Paso 3:
Tras el tiempo de amasado, comprobaremos que la masa está elástica y fina y que no se nos pega a las manos. Entonces, formaremos una bola y la colocaremos en una bol amplio, con aceite en la base. Nos mojaremos un poco los dedos con aceite y la pintaremos con delicadeza, para que así no se reseque. Taparemos el con un paño o con papel film y dejaremos que leve alrededor de 1:30h o hasta que doble su tamaño. Si lo colocamos en un lugar cálido, alrededor de 24ºC, levará más fácil y rápidamente. Incluso podéis dejarlo dentro del horno apagado o si tenéis mínimos de 25ºC o 30ºC también sería una opción.
Paso 4:
Pasado el tiempo de fermentación y comprobado que ha levado correctamente, colocaremos la masa sobre una superficie antiadherente o sobre un papel vegetal espolvoreado con sémola en el que la hornearemos. Enharinaremos un rodillo y estiraremos la masa en un rectángulo de unos 25×35 o de la medida de vuestra bandeja de horno, pero intentando que no tenga más de 1 cm de grosor.
Si hemos estirado la masa sobre una superficie, la trasladaremos con mucho cuidado a una bandeja de horno, forrada con papel vegetal y espolvoreada con un poco de sémola. Si no, colocaremos el papel vegetal con cuidado sobre la bandeja de horno. Como hemos estado estirando y desgasificando la masa, habrá perdido todo el aire que tenía, por lo que volveremos a taparla con un trapo y la dejaremos de nuevo fermentar entre 1 y 2 horas o hasta que, de nuevo, duplique su tamaño.
Paso 5:
En este punto, cuando veamos que la masa ha levado, pre-calentaremos el horno a 200ºC, antes de seguir con el siguiente paso. Destaparemos la masa y haremos una serie de hoyos con los dedos en toda la superficie, clavando con cura todos los dedos de ambas manos, como queriéndola agujerear.
Después nos mojaremos los dedos en abundante aceite y pintaremos bien toda la superficie. Cortaremos los tomates cherry por la mitad o en láminas y cubriremos toda la superficie (o al gusto). Finalmente espolvorearemos sal gorda por toda la superficie y, si lo deseáis, un poquito de orégano. La podéis incluso dejar sin condimentar, en un pan que solo está delicioso, aunque os recomiendo siempre poner el aceite y el toquecito de sal gorda, ¡le queda increíble!
Paso 6:
Hornearemos la focaccia a media altura durante unos 20 o 25 min y, antes de cerrar la puerta, espolvorearemos 8-10 pulverizaciones de agua (con el típico pulverizador de agua para plantas o pelo, nada complejo). Antes de sacarlas comprobaremos que no están crudas, podéis clavarle un palillo o cuchillo y comprobarlo, así como aseguraros que está doradita y crujiente por fuera. Recién sacadas, las pasaremos a una rejilla para que enfríen y no se humedezcan.
No hay que esperar a que enfríen mucho, pues con un toquecito caliente están de vicio. Podéis cortarla a tiras, pero también en cuadrados, triángulos,…
Debemos conservarlas en un recipiente hermético y en un lugar seco y aguantan bien hasta 4 días, aunque claro poco a poco se va secando. Un truquito muy bueno es darle un toque de calor en el microondas, horno o sartén antes de comerla, ¡queda como nueva!





