En casa nos ENCANTAN los cheesecakes. Los preparamos para las ocasiones especiales y celebraciones, pero también como un snack o postre para el día a día. Los preparamos de dos formas: con y sin horno. La verdad que ambas versiones son increíbles, pero es cierto que la textura y el sabor son diferentes. ¿A vosotros cuál os gusta más?
Los cheesecakes sin horno son más fáciles de preparar, sobretodo porque requieren menos tiempo de elaboración, y son más fresquitos. A mi me gustan bien gorditos y con una buena base de galletas. También me gustan las versiones con frutas o por ejemplo con Oreo. Los cheesecakes que se hornean son más esponjosos y se derriten en la boca, parece estar mordiendo una nube. También son una maravilla. En el blog tenemos un montón de recetas tartas de queso, pero sin duda mis preferidas son:
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Cheesecake de lima limón: este es un must en casa, nos encanta. La verdad que el limón es un ingrediente increíble para los postres y en tartas frías queda súper bien.
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Vasitos cremosos sin horno con mermelada casera: son unas mini delicias súper cuquis. El proceso es el mismo que cualquier otra tarta de queso, con una base de galletas trituradas, una mezcla de queso crema tipo Philadelphia con nata y azúcar y fruta on top. Al ser pequeños vasitos i¡son ideales para un snack individual.
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Tarta de queso con mascarpone y frambuesas: la esponjosidad de este cheesecake no tiene nombre. Se derrite en la boca y te inunda de unos sabores maravillosos. Combina con cualquier época del año: en invierno podemos sacarla 10 o 15 min antes de la nevera para que no esté tan fría, pero en verano la comeremos frequita recién sacada del frigorífico.
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Cheesecakes de cerezas: aquí innovamos con el relleno y usamos frutas para darle sabor y color. El sabor de la cereza está muy presente, pero a la vez es suave y no empalaga. Además, podemos adaptar la receta a otras variedades de fruta como fresas, arándanos o moras.
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Mini tartitas de Oreo: esta es una de las recetas más visitadas del blog, y no es para menos. La verdad que estos mini cheesecakes son súper divertidos además de deliciosos, muy fresquitos para los días de calor. Es un postre sin horno y además muy fácil de preparar, con una combinación de sabores muy rica. Si os gustan las tartas de queso, ¡definitivamente tenéis que probar esta versión!
Hay pocos postres tan conocidos, versionados y degustados como la tarta de queso. Con horno, sin horno, con o sin base de galletas, más o menos saludables, en compañía de alguna mermelada o frutas, al estilo New York o «a mi manera»… hay infinidad de recetas y quién más quién menos estoy convencida que todos hemos elaborado alguna vez un cheesecake.
La tarta de queso que vamos a preparar hoy se basa en el famoso New York cheesecake, con una base de crujiente galleta y una crema de queso quebradiza y muy esponjosa. Elaborarlo es muy sencillo, y veréis que vamos a usar ingredientes fáciles de tener en casa. Os recomiendo usar un molde desmontable, para que no se desmorone o desarme al sacarlo. El cheesecake debe quedar suave y blandito por dentro y esto se consigue principalmente con 3 factores muy importantes: el mezclado del relleno, el horneado en 2 fases y el enfriamiento en varias etapas.
Aquí os dejo algunos trucos para un resultado perfecto:
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Relleno: es muy importante siempre batir a la mínima velocidad posible, para evitar incorporar aire a la masa.
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Molde: como os decía, es clave que sea desmontable y engrasarlo bien, para facilitar el desmoldado.
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Base: para esta versión, siempre hay que hornear la base antes de agregar el relleno.
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Temperatura: primero hornearemos a una temperatura alta, pero luego la bajaremos considerablemente. Esto nos dará la cocción perfecta.
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Enfriado: la tarta tiene que enfriar poco a poco, evitando choques de temperaturas. Así evitaremos grietas.
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De forma opcional se puede hornear al baño maría, tapando el molde con varias capas de papel de aluminio y colocando una bandeja con agua muy caliente debajo. Yo personalmente no lo hago así, pues juego con las temperaturas como os comento en el anterior punto, pero que sepáis que es una opción.
Más abajo, en el detalle de la elaboración, os cuento en detalle cómo proceder para conseguir esa textura tan maravillosa. Vamos a empezar ya con la receta. Sólo tenéis que seguirla paso a paso y el resultado de 10 está asegurado.
¡Os prometo que no quedarán ni las migas!
Tiempo total: 80 min + enfriado
Raciones: 1 tarta
Dificultad: Baja
Ingredientes:
- Para la base:
- 300 gr galletas (maría o tipo digestive)
- 160 gr mantequilla
- Para el relleno:
- 500 gr Philadelphia o queso crema
- 90 gr azúcar blanco
- Sour cream: 160 ml nata líquida para montar + 20 ml zumo limón
- 1 cdita extracto vainilla
- 1 cda Maicena (o 2 de harina de trigo todo uso)
- 4 huevos
- Para la cobertura:
- 80-100 gr mermelada de arándanos
- Puñado de arándanos frescos
Elaboración:
Paso 1:
Empezaremos preparando la sour cream. Si la encontráis ya hecha en el supermercado, genial, pero es complicado encontrarla y prepararla en casa es muy sencillo. Para ello pondremos en un bol la nata líquida y verteremos dentro el zumo de limón. Removeremos bien y dejaremos que repose 10 min.
Paso 2:
Seguiremos preparando la base. Primero de todo, pre-calentaremos el horno a 180ºC.
A continuación, trituraremos las galletas en un procesador de alimentos o en una bolsa a mano. Derretiremos la mantequilla y la verteremos sobre las galletas trituradas, removiendo hasta que se empapen bien. Forraremos un molde desmontable con papel vegetal o lo engrasaremos con un spray antiadherente (cada uno conoce bien sus moldes, ajustadlo), verteremos la galleta dentro y presionaremos para crear una base uniforme y recubrir las paredes del molde, de manera que nos quede un cheesecake recubierto de galleta.
Hornearemos durante 15 min y mientras prepararemos el relleno.
Paso 3:
Para preparar el relleno, lo primero que haremos es batir a velocidad muy baja la Philadelphia con el azúcar. Debemos batirlo lo justo hasta integrar, sin sobrebatir para que no le entre aire a la mezcla. Luego agregaremos la sour cream y el extracto y batiremos de nuevo a velocidad baja hasta integrar, sin batir en exceso.
Tamizaremos la harina y la integraremos con una espátula o lengua repostera.
Paso 4:
Batiremos en un bol los huevos y los integraremos en 3-4 tandas a la mezcla, como si los agregáramos uno por uno. Los iremos vertiendo sin dejar de batir, siempre a velocidad baja. Cuando hayamos agregado todos los huevos, batiremos unos segundos más. Después, repasaremos con una espátula los bordes y la base del bol, para comprobar que esté todo bien integrado y homogéneo.
Paso 5:
En cuanto se haya horneado la base, que coincidirá más o menos cuando acabemos de preparar el relleno, verteremos la mezcla dentro de la galleta y nos llevaremos la tarta de nuevo al horno. Lo haremos a media altura y a 180ºC, durante 30 min. Pasados estos 30 min, bajaremos la temperatura del horno a 155ºC y hornearemos otros 30 min. Pasado este tiempo, empezarán las tandas de enfriado que os comentaba más arriba:
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Pasado el tiempo de horneado, apagaremos el horno pero dejaremos la tarta dentro del horno con la puerta cerrada, durante 15 min.
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Pasados los 15 min, abriremos un poco la puerta del horno y dejaremos otros 15 min la tarta dentro.
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A continuación, sacaremos la tarta del horno y la dejaremos enfriar por completo a temperatura ambiente. Esto puede tardar entre 1 y 3 horas.
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Finalmente, nos la llevaremos a la nevera un mínimo de 4 horas, tapándola con papel film para que no se seque la superficie.
Paso 6:
Pasado el tiempo de refrigeración, es el momento de ponerle la cobertura. Primero pondremos la mermelada, cubriendo toda la superficie, y por encima repartiremos un puñado abundante de arándanos frescos hasta cubrir.
Podríais saltaros este paso y servirlo tal cual, o también podéis usar otras mermeladas y/o frutas.
Lo conservaremos en la nevera hasta 5 días.
¡Delicioso!



